Hoy
sábado 24 de septiembre nos hemos levantado temprano para acudir a la décima
marcha al Monasterio de Óvila. Parece que va a hacer buen día. Salimos
en diferentes grupos desde Carrascosa, Sotoca y Trillo, como estaba previsto.
En Sotoca nos hemos reunido en el campo de futbol, junto a
su bonito y curioso lavadero. Venimos de lugares diferentes, como Cifuentes, Madrid,
Moranchel y Morillejo. Algunos participantes nos conocíamos ya, y otros son nuevos.
Nos presentamos e iniciamos la marcha guiados por Luisa, la arqueóloga responsable de la oficina de turismo de Cifuentes que ya conocemos de las
Jornadas de Patrimonio y de otras marchas al monasterio cisterciense de Óvila en años anteriores.
El camino es fácil y discurre entre huertos a la vega de un
barranco. Encontramos pocas subidas y pocas bajadas, lo cual se agradece. La temperatura es
ideal. Lo único que molesta un poco son las moscas. Se nota que ya hace un mes que emigraron a África nuestras aves insectívoras para pasar allí el otoño y el invierno. ¡Cómo echamos de menos a estos aviones, golondrinas y vencejos!
Hay un tramo del camino donde la vegetación ha formado “un
túnel”. ¡Es una gozada atravesarlo! Hemos tenido un verano muy seco y caluroso,
pero toda esta vega regada por el Arroyo del Estrecho es un vergel umbroso, y eso se agradece.
Llegados al monasterio, nos juntamos con el grupo de los que
vienen de Trillo. No están todos pues, como han llegado temprano, algunos se han ido
con Raúl, nuestro geólogo, al encuentro del grupo que viene desde Carrascosa.
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Los de Masegoso en El Colvillo.
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Manuela nos explica.
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Las personas que salieron desde Trillo,
nos cuentan que se fueron reuniendo en la Plaza de la Vega. Después de los
saludos y las amplias sonrisas de satisfacción por volver a verse y a
reencontrase las que ya se conocían, y
de incorporar al grupo a las nuevas, emprendieron la marcha con una mañana
fresquita. Les acompaña Manuela, la responsable de la Oficina de
Turismo de Trillo, que sugirió pasar por las
instalaciones de El Colvillo para disfrutar de las hermosas vistas que se ven
desde allí, y de paso contarles algunos datos muy interesantes.

Luego, al seguir por la
senda que discurre en paralelo al río, el paisaje seguía siendo espectacular. A
la derecha, el río, pausado, tranquilo,
silencioso a veces, pero ruidoso, inquieto y rápido otras. A la izquierda,
impresionantes farallones verticales con curiosas oquedades y alguna buitrera
en la que incluso pudieron observar buitres. Y delimitando la senda, una
frondosa vegetación en la que abundan especies tanto de plantas
aromáticas como de árboles de ribera.
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Las Tetas de Viana marcan el horizonte hacia el suroeste del recorrido.
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Resultó muy curiosa la abundancia de
arbustos de boj, conocidos como bujes por la zona, que ya empezaban tímidamente
a mostrar su tonalidad otoñal. También acompañaban el camino varios carteles
informativos sobre flora, fauna y características de la zona. Más adelante, la
brusquedad del paisaje se suavizó al aproximarse a la carretera de entrada a la
finca en la que se encuentra el monasterio. Allí era el punto de reunión de los
tres grupos que fueron llegando de manera desigual y se tardó un ratito hasta
reunir a todos.
Nos
reunimos ya los tres grupos junto a lo que fue la entrada a la cilla del monasterio. Los de Carrascosa, acompañados por Pablo, su
alcalde, y por Fernando, nuestro geógrafo, han ido comprobando metódicamente que los mojones que señalizan el camino están en su sitio, y eso les ha hecho llegar un poco más tarde.
Luisa y Manuela nos hablan de la importancia que tuvo el monasterio y de su
triste destino desde las desamortizaciones del siglo XIX, su posterior expolio ya en el siglo XX, y la
reciente construcción en California de un nuevo monasterio con parte de los sillares de piedra que se llevaron justo antes de la crisis de 1929. Visitamos las ruinas con tristeza y admirando lo que aún
queda, sobre todo su claustro.
Acabada la visita, hay que regresar para recoger los coches.
Algunos vamos a Carrascosa, donde degustamos un magnífico aperitivo que nos ha
preparado Begoña, la esposa de Pablo, y completamos con la comida de picnic que
cada cual ha traído.
En la sobremesa, como no podía ser de otra forma, Carlos
saca su rabel y Pilar saca unas coplas sobre la marcha de hoy. No
cambiamos ni una coma, están perfectas y reflejan muy bien todo lo ocurrido.
Las cantamos todos al ritmo del instrumento, y catamos el licor que nos ha preparado Eduardo con el verdadero aguardiente de Morillejo.
No podíamos marcharnos de Carrascosa sin visitar su
magnífica iglesia cisterciense, como el monasterio que acabamos de
ver. Admiramos su retablo, en el que está Santa Librada, patrona de los partos
difíciles, y Luisa nos cuenta la curiosa vida de esta mujer.
Nos despedimos de Pablo y Begoña y nos vamos de nuevo hacia
Sotoca para visitar con Luisa las tumbas visigodas. ¡Qué curiosas, son
antropomorfas!
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Tumba visigoda antropomorfa de Sotoca de Tajo.
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Ya en Sotoca, nos despedimos con un hasta pronto, pues el sábado 22 de
Octubre nos volveremos a ver para recorrer el Camino de la Lana por el término
de Cifuentes.
En la marcha participaron medio centenar de caminantes que se juntaron en Óvila (véase la foto de grupo), en la comida de Carrascosa estuvimos algo más de 20 personas, a la visita de la iglesia se apuntaron 16, a la de las tumbas de Sotoca 10 personas, y terminamos quedando 6 en el bar de Sotoca.