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domingo, 2 de julio de 2017

Fuentes y manantiales de Ruguilla

Crónica de la jornada del sábado 24 de junio de 2017



A las nueve y media comenzamos la jornada de patrimonio que hoy nos lleva de fuente en fuente por Ruguilla. Una vecina nos acaba de traer una cesta con rosquillas para arrancar con fuerza la jornada. Enrique empieza a presentar el programa del día. Luisa tiene aún la boca llena de rosquilla. Isabel, también vecina de Ruguilla, es quien nos ha propuesto la ruta de hoy y quien nos acompañó a prepararla.

Comienza la jornada de fuentes y manantiales de Ruguilla.
La primera fuente es realmente un arca de distribución del agua que va a las dos fuentes públicas que veremos al final del recorrido. Isabel nos cuenta que los niños y las niñas jugaban a “esbararse” sobre el tejadillo de la antigua arqueta, hoy sustituida por el arca, ya que la usaban de tobogán. Una cruz tallada en la roca nos recuerda el frecuente carácter sagrado de los lugares donde mana el agua.

Un poco más arriba se encuentra el depósito del agua que actualmente abastece el pueblo y, a continuación, la Fuente del Chorrillo, que abastecía al barrio de arriba. Hoy en día es todavía muy apreciada por su agua fresca, saludable y libre de cloro. El sobrante se utiliza aún para regar los huertos próximos escalonados en la ladera.

Alejandro no ha venido, pero entre unos y otros echamos una mirada a los árboles que hay junto a la fuente para intentar identificarlos. Observamos uno en particular, la cornicabra (Pistacia terebinthus), que debe su nombre a un agallón con forma de cuerno de cabra. Al parecer, un insecto emparentado con los pulgones inyecta una hormona en la hoja de este árbol, obligando a que se deforme para servir de refugio y alimento a sus crías. En este enlace puedes ver en qué consiste todo el proceso de formación de la agalla.

Bajo los terebintos aprendemos sobre el origen del manantial.
Enrique nos cuenta la relación que hay entre la situación del manantial y el tipo de agua, con las tobas que hay inmediatamente encima, que son a la vez su almacén y conducto. Raúl va más allá relacionando esta singularidad con el intenso aprovechamiento hortofrutícola de la ladera y la fábrica de los muros que la contienen. Hay pocos sitios como este para aunar varias de las disciplinas que se divulgan en estas jornadas.

Entre las huertas asoma el núcleo de Ruguilla.
Cerca del antiguo molino, nos reagrupamos a la sombra.
Mientras vamos bajando el cerro, echamos un vistazo hacia el pueblo, tan coqueto con su ermita de Santa Bárbara en lo alto y sus cerros cercanos. También vemos el Alto de las Cuevas (el cerro de enfrente) donde se observa una falla en la toba, que arruinó varias de las cuevas que la circundan. Junto a la carretera, frente al Cerrao de San José, se encuentra el molino de aceite que funcionó hasta los años sesenta.

Otro antiguo lavadero que guarda en secreto todo lo que escuchó.
Saliendo del pueblo, cruzamos la carretera y nos vamos a ver el antiguo lavadero. Allí se lavaba, tendía y también se cogían buenos cangrejos. Junto al parque infantil está la Fuente de la Chorrera. Por el camino nos van contando anécdotas de la visita de Camilo José Cela en su segundo Viaje a la Alcarria, alguna de ellas relacionada con las cuevas (bodegas de vino) que estamos viendo. Circundando el Alto de las Cuevas por su base, pasamos por la Fuente del Tío Duque, que no tiene agua. ¿Quién sería el Tío Duque? ¿Alguien de la nobleza o tal vez un apodo?

La Fuente de la Tía Cantarera o de la Alberca.
Siguiendo por una senda llegamos enseguida a un bello rincón donde se encuentra la Fuente de la Tía Cantarera o también llamada de La Alberca. Las mujeres de Ruguilla nos cuentan una leyenda sobre una mujer que aparecía y luego desaparecía, llevando sus aguas en cántaros.

Una gran noguera seca sirve de nicho para otras especies.
Junto a esta fuente vemos muchos árboles secos que han sido aprovechados por los animales del lugar. En uno de ellos nos llama la atención un agujero no muy profundo que un pájaro carpintero (puede que un pico picapinos, o un pito real), ha hecho en el tronco de una noguera seca. No es el nido, porque es demasiado pequeño. Tampoco es un taladro que ha hecho en busca de insectos que viven en la madera seca... entonces ¿qué es? Se trata de un “yunque”: en este agujero los pájaros sujetan frutos de cáscara dura como nueces o almendras para abrirlos y comerse la semilla.

El molino de harina aprovechaba un caudal que hoy ya solo es recuerdo.
Aunque el molino de harina dejó de moler hace años, aún podemos contemplar sus ruinas. Nos hablan de los cultivos que había, pues además de cereal se cultivaban frutales. Las cerezas eran tantas que además de consumirse en Ruguilla, las que sobraban se vendían en otros pueblos, entre ellos Cifuentes. Más adelante, a la derecha del camino vemos un pequeño ciruelar. Son tantos los ciruelos, y tan recrecidos al estar abandonados, que aparecen emboscados.

Caminando entre la Fuente de la Alberca y la Fuente de la Ruidera.
En fila india, por el camino, llegamos a la Fuente de la Ruidera. Las mujeres de Ruguilla nos cuentan que cerca de allí se cogía un tipo de sedimento arcilloso (greda) que se usaba para limpiar maderas y también para hacer cerámica. La fuente que vemos es relativamente nueva y tiene un pilón metálico.
Fernando nos cuenta lo malo que es ese diseño para algunos animales como ranas, sapos, pájaros e insectos, que no pueden agarrarse a sus paredes y no consiguen salir cuando caen al pilón. La solución es muy sencilla: poner algunas piedras o ramas en un rincón del pilón. El manantial que abastece a la fuente está algo más arriba pero el acceso está complicado por la vegetación recrecida.

El abrevadero de la Fuente de la Ruidera es una trampa para los animales pequeños.
Junto a la carretera vemos un “gotial”, que es como llaman al goteo que nace justo debajo de una roca. Con su agua se van llenando pequeñas pilillas estratégicamente excavadas para recoger el agua y poder aprovecharla.

Foto de familia en la chopera antes de llegar a la carretera.
Tras cruzar la carretera y el río, tomamos el camino tradicional a Trillo y poco tiempo después nos dividimos: unos siguen para ver la Fuente del Picote, que como su nombre indica queda en alto, en un risco. De ella nos cuenta Isabel que el agua tenía fama de abrir el apetito. Otros nos hemos quedado esperando a la sombra. Fernando y Luisa nos hablan del solsticio de verano y de la noche de San Juan.

Llegando al cementerio, con otra panorámica de Ruguilla.
Reunido el grupo de nuevo, avanzamos y, tomando el Camino Real que viene desde el Puente de Murel, entramos en Ruguilla junto al cementerio que tiene una fuente nueva que viene muy bien para limpiar las sepulturas y regar las flores.

La Fuente de la Plaza.
Entramos al pueblo junto a la Picota, que aún conserva la cruz y el cuchillo en lo más alto. Hace calor, aunque el viento sopla suavemente y refresca un poco. Llegamos a la Fuente de la Plaza, decorada con relieves de caras y su fecha de construcción, 1870. La plaza es pequeña para el tamaño del pueblo, nos dice Luisa, así que es posible que el comercio no fuese la principal ocupación de los ruguillanos, de ahí que no necesitasen una plaza grande. La actividad agrícola y minera (se explotaba el yeso y la toba) serían las principales actividades económicas.


Por los callejones de “Salsipuedes” y de “Abrazamozas” llegamos al lavadero nuevo, construido como la mayoría, allá por los años 60. Las vecinas de Ruguilla rememoran con nostalgia los tiempos en que iban allí a lavar, e Isabel se arranca con una copla dedicada a su pueblo, que nos deja emocionados.

En el lavadero nuevo, Isabel nos deleitó con un precioso cante de su cosecha.
Paramos a la sombra, bajo el atrio de la ermita de La Soledad, y vemos un exvoto que apenas se puede leer hoy en día porque una viga lo tapa en parte. Allí quedó escrito un milagro acaecido allí mismo hace más de un siglo.

La Fuente del Cantón.
Bajo la barbacana de la Iglesia de Santa Catalina, vemos la Fuente del Cantón, preciosa obra del siglo XVIII también decorada con relieves con caras.

Parte del grupo comiendo en el centro social.
Terminado el recorrido, algunos nos vamos al Centro Social a tomar algo fresquito. Nos espera un rico aperitivo que nos ha preparado Isabel, con ricas empanadas variadas, aceitunas y embutido, aperitivo al que añadimos nuestras viandas. Parece un concurso de tortillas, las hay de patata, de verduras variadas y de champiñón. Hay que probarlas todas, ¡qué ricas! Muchas gracias a Merce e Isabel que nos han ayudado a empezar el día y luego a reponer fuerzas con su exquisita gastronomía. Para completar, también tenemos postre de queso y miel que nos ofrece Jesús, un mielero de Ruguilla.

Las coplas nos ayudan a recordar lo que hemos visto...
...y lo bien que nos lo hemos pasado.
Con el estómago lleno, seguimos sentados y mientras reposamos la comida leemos las coplas que nos trae Pilar. Esta vez las tiene listas al completo, porque nos acompañó a preparar la jornada y ya conocía las fuentes de antemano. Enrique afina el instrumento y lo pone a tono, los demás vamos tarareando las coplas y enseguida arrancamos músicos y cantantes, y entonamos las coplas de la jornada al son y ritmo del rabel.

Algunos continuaron la sesión musical hasta bien entrada la tarde.
Con la jornada de Ruguilla terminamos el recorrido que nos ha ido llevando de fuente a fuente por todos y cada uno de los pueblos que componen el municipio de Cifuentes. Habrá que pensar qué hacer al año que viene...
El PDF con las coplas que cantamos por la tarde te lo puedes bajar en este enlace (150 Kb).

¡Muchas gracias a Eduardo, Enrique, Fernando y Mari Paz por las fotos!

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