Próximas actividades

sábado, 16 de junio de 2018

De Torrecuadradilla a Val de San García

El próximo sábado 23 de junio tendrá lugar la quinta y última Jornada de Patrimonio prevista para este año 2018 por el Ayuntamiento de Cifuentes, recorriendo una de las variantes del antiguo camino de Torrecuadradilla a Val de San García. Se trata de una ruta por las estribaciones de la Cordillera Ibérica, en la que atravesaremos sabinares, pinares y encinares de paramera y relieves asociados al plegamiento y formación de este sistema montañoso.
 

Esquema del recorrido de Torrecuadradilla a Val de San García en el mapa del IGN de hace un siglo.
Esta quinta jornada comenzará en el bar de Torrecuadradilla a las 9:00, pasando a continuación a una breve visita guiada por el pueblo. Antes, a las 8:30, está prevista la salida de la Plaza Mayor de Cifuentes para aquellos que quieran compartir vehículo. A las 9:30 será la salida andando hacia Val de San García. La llegada será sobre las 14:00, visitando antes y después de comer algunos lugares de interés por el camino y en el Val. Una empresa de apicultores locales invitará a una degustación de sus productos, y a continuación los participantes que lo deseen podrán comer en el centro social con lo que hayan traído. En Cifuentes y Sacecorbo hay restaurantes que ofrecen buen menú a buenos precios.
Perfil del recorrido (escala vertical exagerada).
La distancia total del recorrido es de unos 10 km de dificultad media, por caminos y sendas de tierra y grava, con pendiente fuerte en algún tramo, tanto de subida como de bajada. En algunos tramos hay abundante piedra suelta y deberemos caminar con mucho cuidado para no tropezar o resbalar.
Una vez en Val de San García, se transportará a los conductores de vuelta a Torrecuadradilla para recoger sus coches, y se coordinará el transporte de vuelta para las personas de Torrecuadradilla que lo deséen. Se recomienda llevar calzado adecuado, gorra y protección solar o para la lluvia, así como agua y algún tentempié. Predicción del tiempo atmosférico disponible en este enlace.

Cartel con el programa específico de esta quinta jornada de 2018.
Se trata de una actividad gratuita organizada por el Ayuntamiento de Cifuentes en colaboración con el Ayuntamiento de Torrecuadradilla, y las vecinas y vecinos de Torrecuadradilla y de Val de San García. Para participar no hace falta reservar. Dado el tamaño del grupo y los conflictos generados en anteriores ocasiones, no se admiten perros en la actividad.

Para obtener más información se recomienda llamar al teléfono 949810833 en horario de apertura de la Oficina de Turismo de Cifuentes: sábados de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00, y domingos y festivos de 11:00 a 14:00. También puedes escribir al correo electrónico: turismo@cifuentes.es


Documentación disponible:


- Folleto (díptico) con el programa de la actividad y mapa del recorrido (PDF de 700 Kb).


- Cartel para imprimir, con el programa general de jornadas de patrimonio para 2018, en formato PDF (290 Kb) y en formato JPG (1 Mb).


- Cartel para imprimir, con el programa específico de esta jornada de Torrecuadradilla a Val de San García, en formato PDF (230 Kb).

- Archivo KML del recorrido (para ver con GoogleEarth, GoogleMaps u otros geolocalizadores).

lunes, 4 de junio de 2018

Crónica de la jornada de Morillejo a Carrascosa de Tajo


Después de más de un mes con lluvias, estamos hoy 26 de mayo en Morillejo para dar comienzo a la cuarta jornada de patrimonio que organiza el Ayuntamiento de Cifuentes el presente año y que nos llevará hasta Carrascosa de Tajo.
Muchos participantes en este día que amanece fresco y nublado.
El comienzo no puede ser mejor, con un desayuno que nos ofrecen los vecinos de Morillejo en la plaza y en el bar: café, chocolate y bizcochos para emprender con fuerza el camino. ¡Riquísimo todo! ¡Un hurra para los cocineros y cocineras! ¡El chocolate está de primera!

Dos de las tres "culpables" de que el chocolate estuviera tan bueno...
... y algunos de los que dieron buena cuenta de él.
Hacemos recuento de los presentes y somos casi setenta. Enrique y Luisa hacen las presentaciones de rigor y empezamos la visita guiada al pueblo, acompañados también de bastantes vecinos y vecinas de Morillejo.
Introducción y presentaciones mientras vamos desayunando.
Comenzamos en la Plaza Mayor, donde nos sorprende una casona que en su día, como nos indica una placa, perteneció a “don Francisco Antonio Ardiz, escribano de su Magestad”. A este cargo se accedía por oposición y hoy se equipara al de notario.


Morillejo ha sido y sigue siendo conocido en toda la comarca por su orujo. Antiguamente, los vecinos recorrían los caminos para vender el aguardiente o para cambiarlo por cereal, que en Morillejo era escaso. Gerardo está orgulloso del suyo y se ofrece a enseñarnos su cocedero. Así llaman en Morillejo a una casita, a veces con cueva al fondo, donde se elabora y se almacenan el vino y el aguardiente. Gerardo nos explica el proceso para la destilación del afamado orujo y nos muestra su alambique.

Orgulloso de su saber hacer, Gerardo nos muestra su alambique.
Luisa nos espera a las afueras del pueblo, desde donde vemos las “cortes”, que son los lugares donde antaño guardaban los cochinos (las porquerizas). Enfrente está La Solana, que es la ladera sur de un cerro por donde transcurría el camino romano utilizado hasta hace poco para unir Morillejo con el Tajo, pero que ahora está prácticamente borrado por una enorme cicatriz resultado de las obras recientes para un acueducto y tendido eléctrico. ¡Nos roban los caminos!


Luisa nos guía por su pueblo. Hay tantas cosas que nos quiere contar...
Bordeamos el pueblo y vemos algunas cuevas-bodega en la calle de abajo, con la vivienda por encima. Un sistema que los árabes ya utilizaban. Miramos hacia el horizonte y ahí están majestuosas las Tetas de Viana, un par de cerros que, como dice el refrán, “muchos las ven y pocos las maman”. Como hay nubes que presagian lluvia, Luisa nos recomienda fijarnos en ellas, pues otro refrán dice que “cuando las Tetas se ponen la toca, Morillejo, Azañón y Viana como una sopa”.


Bordeamos Morillejo, con las Tetas de Viana al fondo.
Nos sorprende el relieve del horizonte y Enrique nos explica el porqué de este paisaje, donde los ríos han ido socavando la roca caliza del páramo alcarreño para ir abriéndose paso hasta las estribaciones de la sierra. Técnicamente, las Tetas de Viana son dos cerros testigo que, junto con el páramo alcarreño del que son continuación, son testimonio de hasta dónde llegó el relleno de la cuenca cenozoica del Tajo hace unos pocos millones de años.


Seguimos por las calles de Morillejo hacia la iglesia. Desde la barbacana vemos una casa con escudo que perteneció a una familia procedente de El Almiñé (Burgos) y de la que uno de sus miembros fue Caballero de la Órden de Santiago. Ya en la iglesia, admiramos el retablo barroco que fue pintado y dorado a expensas de D. Francisco Antonio Ardiz, según ha quedado inscrito en la cornisa del propio retablo. Luisa nos muestra una fotografía de un retablo anterior, fechado en el siglo XVI y pintado por Gaspar Becerra, en el que vemos una virgen jovencísima y embarazada. Una auténtica joya que lució durante un tiempo en la ermita y que más tarde pasó al Museo Diocesano de Sigüenza, donde hoy en día está expuesto y podemos admirarlo.


Tras su restauración, el órgano de Morillejo cumple su papel una vez al año.
Otra joya de esta iglesia es su órgano barroco, que hoy en día suena gracias a la iniciativa de unos vecinos y a un organista valenciano que lo reparó hace unos treinta años. Hoy está declarado como uno de los órganos singulares de Castilla La Mancha y todos los años, en el mes de julio, se ofrece un concierto.


Foto de una parte de "la familia" a la salida del pueblo.
Vamos bajando hacia la ermita y la fuente.
Salimos del pueblo impregnados por el olor de las flores y el goce de la vista, ¡qué maravilla, cómo está el campo! Dejamos atrás el cementerio y a nuestra izquierda unas cuevas-bodega. La ermita del siglo XIII se derrumbó por desuso y falta de mantenimiento debidos a la emigración en los años sesenta.
Las Tetas, la ermita y el Castillo nos marcan el recorrido.
Interior de la ermita de San Juan de Jerusalén...
...y exterior de la ermita, restaurada hace pocos años.
En los documentos se denomina de San Juan de Jerusalén, aunque sobre la puerta, en una plaquita cerámica, podemos leer “Hermita de Jerusalén”. Es de estilo cisterciense, como el Monasterio de Óvila, y en ella se celebraba la Semana Santa de Morillejo. Hoy en día, después de su restauración en 2007, se celebran dos misas al año por los difuntos de la localidad.


Alejandro nos explica que no todo en la naturaleza es armonía...
Junto a la ermita se desarrolla “una verdadera batalla campal”. Alejandro nos cuenta cómo las flores rivalizan por ocupar el espacio y por atraer a los insectos para que las polinicen.


... y le escuchamos mientras el sol se va abriendo hueco entre las nubes.
Desde la ermita vemos “el Castillo” una roca denominada así por su aspecto de fortaleza inexpugnable. No hay constancia de que allí hubiera realmente un castillo, pero es un lugar entrañable y querido por los vecinos, testigo de juegos y de amoríos.

Sobre un mar de hierba con olas de flores...


...vamos bajando de la ermita a la fuente.
Bajando un poco está La Fuente, llamada así, simplemente, por ser la primera y la única fuente de obra que hubo en un primer momento y durante mucho tiempo, pues es una fuente de origen romano. Gracias a las lluvias copiosas de estos últimos días, hoy la vemos manar como no lo hacía hace años. ¡Da gusto ver los tres chorros! Junto a ella está el lavadero. Gerardo y Luisa nos cuentan que, hasta hace poco, en las bodas de Morillejo era costumbre bajar a los novios montados en caballería y lavarles la cara con el agua de la fuente. Probablemente sea un relicto de alguna antigua creencia de que ello traería fertilidad a la pareja. Gerardo nos cuenta que a él se lo hicieron, pero lo vio como una simple broma. Felipa nos cuenta que ella, tras el lavado de cara, subió al pueblo montada en la mula y sin parar de cantar jotas.


Escarpes y farallones calizos por el camino.
A lo largo del camino de bajada hacia el río Tajo vemos algunas parideras. El ganado, junto con los viñedos y olivos, ha sido la principal fuente de riqueza de este pueblo.


En la ladera junto a la carretera crecen lirios, margaritas, cardos y un sin fin de plantas multicolores. Alejandro nos habla del cardo mariano (Silybum marianum), una planta con propiedades curativas. Según cuenta la leyenda, la Virgen iba caminando a Egipto, el niño tenía hambre y su madre le estaba amamantando, cuando se le escapó algo de leche que cayó sobre el cardo, que por eso tiene manchas blancas. La infusión de esta planta es buena para el hígado.


Desde El Hondo tomamos una pista asfaltada, el antiguo Camino de la Barca, que conducía a la balsa por la que una barcaza permitía cruzar el río Tajo, y que hoy en día lleva a la nueva presa y central hidroeléctrica. A nuestra izquierda hay algún viñedo y el barranco que nos acompaña hasta el río. Nos paramos para ver otra planta, la dedalera negra o Digitalis obscura, que tiene propiedades narcóticas y medicinales.


Manolo descubre tres pequeñas surgencias de agua en la propia calera.
Por la pista asfaltada llegamos a la altura de la calera, un antiguo horno de cal que algunos suben a ver con Enrique, y otros se quedan con Luisa. Ambos nos explican cómo y para qué se utilizaba. Nos hemos pasado de largo las ruinas del Molino de la Calera, probablemente utilizado para moler, entre otras cosas, la piedra de cal que se obtenía en la calera.


Enrique explica los pasos previos para la elaboración de la cal.
Al otro lado del barranco vemos el tejar. Los tejeros venían en verano cada año de Valencia y se establecían en el tejar durante el tiempo que duraba su trabajo. Hace unos años nos contaron en otra jornada de patrimonio que, en Villanueva, la mujer de la casa que encargaba las tejas era la que daba la forma a las planchas de barro, utilizando sus muslos como molde.


Alguien nos indica que levantemos la vista al cielo y vemos cómo un buitre sobrevuela nuestras cabezas. Cada día suelen hacer el recorrido desde los escarpes del Alto Tajo hacia las poblaciones del entorno.


Observando al buitre que nos observa.
Por el camino, en unos conglomerados, Enrique nos explica el transporte del sedimento en los ríos y cómo se forman los cantos rodados de estas rocas. Observando cómo están dispuestos, imbricados unos sobre otros, podemos saber la dirección que llevaba la corriente.


Explicaciones junto al río Tajo.
Llegamos al río Tajo. Se oye el ruido de la central hidroeléctrica. Junto a las ruinas del puente romano de Murel nos hablan de la importancia de este puente a lo largo de la historia, en época romana y especialmente durante el siglo XVI. Del molino harinero y de la antigua presa sólo quedan las fotos que Luisa nos muestra. Todo ello lo han destruido para la construcción de la nueva central.

Estribo izquierdo del antiguo puente romano. Al fondo, la presa.
Pablo nos habla de esta obra, que aún está por concluir y que ha cambiado el paisaje del entorno por completo.


Caminamos junto al río para llehar al puente nuevo.
Cruzando el río Tajo, Raúl nos habla de porqué el río baja turbio, que no sucio. Gran parte de la “culpa” la tienen las arcillas que se explotan aguas arriba y que el río arrastra con las últimas lluvias.


Sobre el puente, Pablo nos cuenta lo que les costó conseguirlo.
El agua embalsada por la presa entra en el Parque Natural del Alto Tajo.
Camino de Carrascosa de Tajo, antaño Carrascosa del Río, el camino es un carril de tierra y el valle se estrecha. Roquedos empinados, un barranco a la izquierda, el frescor del agua y la frondosidad de las plantas nos inundan.

Una impresionante / visera rocosa / nos sirve de entrada / hacia Carrascosa.
Alejandro no para de explicarnos unas plantas y otras. Si tuviese que hablarnos de todas nos quedaríamos allí varios días: jazmín silvestre (Jasminum fruticans), lampazo, bardana o arrancamoños (Arctium lappa), que se puede comer en ensalada, lino azul (Linum narbonense), verbenaca (Salvia verbenaca), melisa o citronela (Melissa officinalis), salfisí común o barba de cabra, lirios y muchas más. En pequeños grupos, tanto Alejandro como Meme e Inés nos van contando curiosidades sobre las plantas. ¡Es un no parar! ¡Por algo mayo es el mes de las flores!


La carrasca centenaria, ¿o era milenaria?
Nos apartamos del camino por una senda estrecha que serpentea entre lampazos y muchas otras plantas, un arroyo y una coqueta fuente, la Fuente del Palomar, y cerca, una carrasca centenaria que tal vez esté en el origen del nombre de Carrascosa.


Abrazar los árboles singulares implica también compactar el suelo de su entorno.
Llegamos al pueblo, pequeño y acogedor, que siempre ha tenido fama de ello. En la puerta del bar nos espera Miguel, el melero, con el ya tradicional aperitivo de queso y miel de La Alcarria.

¡Qué bien sienta el aperitivo que nos tiene preparado Miguel...!

¡...y qué de productos alcarreños tan buenos nos ofrece!
En el interior, las vecinas y los vecinos de Carrascosa nos ofrecen unos entrantes de chorizo, queso, salchichón, aceitunas y pepinillos que nos renuevan las fuerzas tras la caminata. ¡Todo magníficamente organizado! ¡Qué rico todo! ¡Muchas gracias!


¡Nada mejor que compartir los buenos momentos con buena compañía!
Mientras Chelis y Teresa llevan conductores a Morillejo para recoger sus coches, los demás nos vamos acomodando y sacando las viandas que compartimos y degustamos mientras hablamos con nuestros compañeros de mesa. Probamos el vino de Gerardo, que nos pasa la bota. Al final, los postres, bizcochos varios y más dulces. Y, como siempre, las empañadillas de cabello de ángel y los licores de Eduardo.


Felipa y Luisa entonan las coplas de Morillejo, y los demás las siguen...
...mientras Enrique les acompaña con el rabel.
En la puerta, un grupo en torno a Enrique va entonando algunas canciones. A un lado Pilar y Luisa leen y ajustan a la jornada de hoy las coplas que ya traía Pilar. Enrique toca el rabel y entre todos cantamos con melodía y ritmo de romance las coplas de un crimen ocurrido en Morillejo en 1920 y que Benito García, un rondajo apodado el Tio Coplero, recogió entonces para la posteridad. Después, Felipa y Gerardo nos cantan unas cuantas jotas acompañados por Enrique con el rabel, pero termina sacando la armónica, que para los espacios abiertos tiene mayor sonoridad.


Las calles de Carrascosa nos llevan hasta su impresionante iglesia medieval.
Hay gente que quiere marcharse, pues esta tarde hay un partido de futbol importante. Algunos tienen prisa y aún no hemos visto el pueblo. Nos vamos a ver la iglesia, magnífica muestra de arte cisterciense que ha llegado a nuestros días prácticamente intacta, pues las guerras posteriores no la afectaron. La vemos con detenimiento observando detalles, y Luisa nos cuenta las historias de Santa Librada, que está presente en su altar mayor. Por la parte de afuera, junto a la entrada principal, vemos labrada en la pared la reproducción esquemática de una vieira, indicando que uno de los antiguos caminos hacia Santiago iba por aquí, y que los peregrinos se hospedaban en esta “Yglesya de Asylo”, como indica una inscripción sobre la puerta.

Sobre la puerta, un cartel indica el derecho de asilo que tenían los peregrinos...
...y en el muro, una vieira algo estropeada les vaticina su destino.
Pablo, el alcalde de Carrascosa, elogia estas jornadas de patrimonio, que están sirviendo para que las gentes de unos pueblos y otros nos conozcamos. Después nos vamos al Morrete de la Cruz y vemos un nuevo invento: el Rincón del Viento, una original veleta, obra de arte e ingeniería realizada de algunos vecinos. ¡Toda una sorpresa! La veleta es algo dinámico y nos muestra que nuestros pueblos tienen pocos vecinos, pero que, a pesar de la despoblación, el pueblo sigue vivo y con creatividad.




Los cubiletes alternan su orientación, haciendo que cada tramo de la veleta gire en un sentido.

Nos despedimos hasta la próxima jornada, que será el 23 de junio, caminando de Torrecuadradilla a Val de San García. ¡Hasta pronto!


En este enlace puedes bajarte las coplas que escribió Pilar para esta jornada (las cantaremos otro día), y en este otro enlace puedes ver las coplas del Crimen del Garcés, que ocurrió en Morillejo hace casi un siglo.


Agradecimientos: Como siempre, a las vecinas y a los vecinos de los pueblos que nos acogen, Morillejo y Carrascosa de Tajo, y a todas las personas participantes en las jornadas de patrimonio, que llegan ilusionadas pora conocer nuestros rincones, naturaleza y cultura. A nuestros guías (Luisa, Enrique, Raúl, Meme, Alejandro e Inés), que nos ayudan a disfrutar de todo lo reseñable por el camino. A la corporación municipal de Cifuentes, que colaboraron enormemente: el alcalde, José Luis Tenorio, y los concejales José Luis Sanz Higes, Santiago Gálvez y Teresa Sánchez, así como la concejala de Trillo, Beatriz Muñoz, que nos acompañó en parte del camino. El concejal de Cifuentes, Marco Campos, se encargó de la difusión previa de la jornada y nos hizo copias del díptico de la ruta, pero se quedó con las ganas de venir. También contamos con la presencia del alcalde de Carrascosa, Pablo Espada, que gestionó el uso del local para comer y la disponibilidad del bar, y nos acompañó con numerosas explicaciones y comentarios durante el recorrido. El fabuloso chocolate del desayuno en Morillejo fue posible gracias a la aportación de la Asociación de Amigos de Morillejo, y por supuesto gracias a las cocineras, Felipa, Tomasa y Mari Ángeles, a sus ayudantes fogoneros, Eduardo, Rober y Emilio, y a Mari Nieves, que servía los cafés. Agradecemos también a Ismael, el alcalde pedáneo de Morillejo, que junto con Beatriz y Pablo lograron que se arreglase el camino y el acceso al puente para poder cruzar el Tajo con los coches. Gracias también a Miguel, que nos endulzó la llegada a Carrascosa con su aperitivo y sus productos locales, como ya es tradición, y al Ayuntamiento de Carrascosa, que muy amablemente nos ofreció otro aperitivo, mientras Maribel y Maricarmen (Meli) nos atendían en la barra. Agradecemos a Gerardo que nos abriera su cocedero, nos mostrara su alambique, y compartiera con nosotros su experiencia con el buen hacer del vino, el churú y el aguardiente. Y, cómo no, a Felipa por sus jotas. A todas y todos, vaya nuestro más sentido agradecimiento, pues consiguieron que la jornada fuera algo memorable.

Y cómo no... ¡muchas gracias también a Eduardo, Emilio, Enrique, Gaspar, Maripaz y Santiago por las fotos!