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miércoles, 29 de abril de 2015

El camino de Gárgoles de Abajo a Gualda


“En abril, aguas mil”, dice el refrán popular. El sábado 25 de abril mirábamos al cielo desde Gárgoles de Abajo. Cientos de nubarrones grises barruntaban lluvia y el ánimo se mantenía expectante. A las 9:30, como de costumbre, una veintena de personas comenzamos la visita guiada a Gárgoles de Abajo. Mientras tanto, seguían llegando más participantes, y varios voluntarios nos iban calentando el chocolate y preparando café con leche y bizcochos, por gentileza del Taller de Medio Ambiente de CCOO de Madrid, que en esta ocasión venían de invitados. También el Ayuntamiento pedáneo, y los vecinos y vecinas de la localidad, aportaron bollería variada y productos caseros: Matilde las rosquillas, Cecilio el licor...

Preparando el chocolate para el desayuno.
A las 10:30, presentación de la actividad y de los guías, recomendaciones logísticas, y foto de grupo delante de la casa que fue de Juan Béjar. ¡En marcha! Más de cien personas de todas las edades. Las nubes seguían grises y amenazantes sobre nuestras cabezas. El campo, de un verde intenso, nos aguardaba salpicado de flores multicolores.

Saliendo de Gárgoles, con la ermita de Santa Lucía al fondo.
En la salida de Gárgoles, comentario sobre Camilo José Cela a su paso por la localidad en su Viaje a la Alcarria, el puente medieval sobre el río Cifuentes (que aquí llaman río Negrillo), la Rubia peregrina, una planta que sirvió para inventar el velcro, y otra que sirve de cicatrizante…

Primera parada en Santa Lucía, una ermita situada a las afueras de Gárgoles de Abajo, donde Luisa nos narra la historia de la Santa y el origen de la festividad. Alejandro nos habla de la cicuta, que aquí llaman “perejil de perro”, y de sus propiedades como purgante... y como veneno.

Por el Pozanco, algunos agricultores han arado sobre el camino antiguo.
A partir de aquí, el numeroso grupo se fue estirando por el camino y se volvió difícil la interdisciplinariedad que tanto nos gusta en estas jornadas, así que hicimos grupos temáticos (geología, botánica e historia) en torno a cada uno de los especialistas y según las preferencias. Más de uno de los participantes sufría porque no quería perderse ninguna explicación y le fallaba el don de la ubicuidad…
Agallas y flores en un quejigo, que por aquí llaman roble (Quercus faginea).
Pasado el primer repecho fuerte y la impresionante panorámica desde arriba, bajamos una pendiente pronunciada y en una pradera, cual romeros, paramos a descansar y a tomar un tentempié. Luisa nos habló de “Los Mayos” una interesante tradición que se repite en estas fechas en los pueblos de la zona. Las vecinas y vecinos de Ruguilla y de Gárgoles de Abajo nos invitaron a ir a su pueblo a celebrarlos la noche del 30 de abril. Una vez más, nos gustaría poder ir a cada uno de ellos...

Descanso y tentempié en la Hoya Somera.
En la Hoya Torres también han arado sobre el camino antiguo.
Alejandro nos va contando cosas sobre las plantas y restos de animales que vamos viendo.
Con la energía que proporciona el rato de descanso y avituallamiento, emprendimos de nuevo la marcha por el mosaico de olivares, pinares, prados, encinas y robles. Subimos la empinada cuesta arriba y en la bajada la tristeza se apodera del grupo al observar los destrozos causados para la concentración parcelaria: quemas descontroladas, movimientos de tierra sin sentido, vertidos que bloquean e incluso ciegan el camino antiguo, marginas destrozadas y muros de piedra seca de facción perfecta reducidos a montonera de piedras…

Con Gualda a la vista.
Después, cuesta abajo por el antiguo camino, llaneamos y, por fin, a lo lejos… ¡Gualda! ¡Ya llegamos! ¡Y qué recibimiento! Estaba previsto visitar la cueva-bodega de Mariano Bravo, pero para nuestra sorpresa, sus familiares y amigos, vecinos y vecinas de Gualda, nos habían preparado un magnífico aperitivo: refrescos, vino del lugar, encurtidos y otros productos locales. A más de uno, el refrigerio le distrajo de entrar en la cueva.

Buenos vinos se crían en la cueva (bodega) de Mariano en Gualda.
Un vino y un aperitivo mientras esperamos a entrar en la cueva por turnos.
Participantes de Masegoso, Gualda y Gárgoles de Abajo.
Las nubes parecían habernos seguido todo el camino y ahí seguían vigilantes y amenazantes, pero sin decidirse. ¿Se nos estropeará el picnic? En las mesas del pinar junto a la ermita sacamos las viandas y, como de costumbre, compartimos comida y charla, vino y canciones, licor y postres.

Cantando las letras que Matilde había escrito con la música de "Clavelitos".
Compartiendo los buenos momentos...
...es como se fortalecen las amistades.
Por la tarde, visita a la ermita, que más bien parece iglesia por el tamaño que tiene. No llueve y, definitivamente, parece que las nubes han accedido a respetarnos.

Un grupo va a visitar Gualda y la necrópolis altomedieval, mientras otro se dirige al bar a tomar un café. Los del Taller de Medioambiente tienen que regresar pronto a Madrid y no se pueden quedar a la visita, pero no perdonan unas cuantas canciones tradicionales con Enrique y su rabel.

Cantando coplas al rabel con la melodía de "rabeladas a lo pesao".
¡Imposible evitar cantar el "Grándola vila morena" siendo 25 de abril! Un homenaje merecido a la revolución de los claveles y a nuestros hermanos portugueses que supieron liberarse de su dictadura.
Finalizada la visita del pueblo, ¡todos a cantar y a bailar! Pilar Villaverde, nuestra coplera oficial, nos regaló unas coplas para la ocasión. Rocío e Isabel se bailaron unas jotas al son de Enrique con la armónica y el ritmo que marcaba Aniceto. La velada continuó hasta las 8 de la tarde, cafés y copas de por medio.

Cantando las coplas de Pilar.
No hace falta mucho para animarse a bailar la jota...
¡Hasta la próxima jornada de caminos entre pueblos! Será de Val de San García al despoblado de Arillares y de allí a Cifuentes. No olvidéis nuestra cita del sábado 30 de mayo.

¡Gracias a Eduardo, Enrique, Fernando, Manuel y Pilar por las fotos!

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